Lo primero es perdonarse y perdonar, le dijo Juan a Mauricio. Perdónate Mauricio, y serás capaz de perdonar a cualquier otro.

Ni que lo digas, pensó Mauricio.

Juan había nacido en la vigilia de San Juan y tenía una cruz en el paladar.  Extirpaba parásitos de los cuerpos físico emocional, mental y espiritual:  larvas, entidades, y esos muertos desorientados  que los nigromantes contratan como sicarios espectrales para arruinarle la vida a los vivos.  Mauricio había topado con él en un canal de Youtube, en uno de sus desesperados itinerarios por el mercado del sufrimiento, cuando frustrado por el rampante cognitivo-conductismo,  se zambulló a tumba abierta en la jungla de las terapias transpersonales.

Perdonarse. pensó Mauricio, tan fácil.

Tenías enquistaadas desde los doce años, dejó a su voluntad. Estabas muy intoxicado. ¿Qué pasó a tus 12 años?

Estaba en 8º de EGB y llegaron el infame Martínez de Urraca y su cortejo de repetidores, a imponer su régimen de terror.

vamos a analizar de qué manera me he jodido la vida. ¿Qué es lo que no perdonas de tí mismo?

Ser un encogido, un medroso, un capón, un timorato, fue la respuesta instantánea. La herramienta indispensable para medrar en la vida con un dignidad es la fuerza de carácter.  Pueden tocarte las peores cartas: una familia de yonkis,  pero el carácter es el as de ases. Si esa carta falla, lo demás se desmorona. Así que  lo que menos me perdono es la pusilanimidad.

¿Pero de verdad eres tan? Se preguntó Mauricio, asombrado de la lucided de su trance. ¿Tan cobardica, tan encogido has sido a lo largo de tu vida? A ver, matiza. Tu en tu búsqueda desesperada de sentido, has sido capaz de, te has lanzado al mar sin saber navegar.

Es verdad, se dijo,  no soy del todo cobarde. Mi cobardía es social. Es una incapacidad de contestar oportunamente a las humillaciones, de contestar las sutilezas maquiavélicas y de agilidad para las zascas.  Es una introversión enfermiza que me condena una y otra vez al repliegue táctico en la madriguera. Sospecho un defecto congénito o adquirido en mi teoría de la mente. Esto se estrechamente con sus otros problemas medulares: mi ignorancia del mundo y la incapacidad de comunicación.  Pues se adiestrándose. Para el small talk. Los introvertidos no manejan el small talk, el maquiavelismo.

A ver, Mauricio, rastrea tus recuerdos más remotos ¿Cómo defines esa pusilanimidad? ¿En qué momento la ves nacer en tu vida? ¿En qué situaciones se manifiesta? ¿Qué sensaciones te produce en el cuerpo? ¿Qué pensamientos? ¿Qué emociones?

Es como una falta de tierra, de raiz. Es una falta de seguridad en sí mismo, por falta de cimiento, de basamento. No tiene soporte material, moral, cognitivo, comunicativo.   Se siente inseguro ante gente más bragada, más sabida, más astuta, con más doblez.  Se define por la acción o la inacción.

Creo que se fraguó una sensación antigua de abandono.

Soy el mayor de tres hermanos.  Mi hermana Sandra nació un año más tarde. Y Currito, a quién a sus 35 años todos siguen llamando el Bébe, así con tilde en la primera e,  nació cuatro años después.

Claro: el reinado de Sandra duró 4 años, una legislatura, y el del Bébe aún no ha terminado,  Sin embargo él, Mauricio destronado, tuvo un reinado Pipino el Breve o el papa.

Sandrita lloraba mucho por la noche, le dijo su madre, y como pensé que no te dejaba dormir te llevé al cuarto del fondo. ¿Cómo te sentías en el cuarto del fondo? Conectar con sus sensaciones de tierna infancia. Sentía frío».

Frío y soledad.

Ay, pero eras tan bueno, pobrecito, que no llorabas. Claro que no lloraba, pensó Mauricio buceando en su memoria, era como una perplejidad, un desamparo que no merecía la pena llorar, pues el auxilio era remota e inexistente.   Entonces ahí debí comerme con patatas la angustia,  a exteriorizar, a expresar.  Porque lo otro que no se perdonaba Mauricio era su afasia, su incapacidad para verbalizar pensamientos, emociones, sucesos. Ese ee, mm, eh, oh, con voz de grulla, chirriante. pero primero la.

Sandra era la prioridad, Mauricio un pensamiento secundario.

En la casa había. las dos casas. El abuelo había dos casas pequeñucas. Cómo puede ser. Estaban sus abuelos, Rodrigo y Martina, Los tíos , Paco y Pepe, Lisa, la primera retoño, once años. Y yo fui el de reinado más corto.

Los primeros recuerdos con niños de fuera son de un colegio de monjas.  Era el que había más cerca, le dijo su madre. Las monjas les contaban que había una Mano Negra en el Sótano. Ahí otros recuerdos de encogimiento. Mauricio recordó un aula gigantesca llena de niños sentados en pupitres. El estaba sentado varias filas por detrás, pegado a la pared, y estaba en la penumbra. Una niña escribía signos indesciffrables en la pizarra, y una monja le preguntaba. Eran sumas y restas, debía se runa niña más mayor, pues Mauricio tenía cuatro años, pero entre niños mayores. Yo no se de qué hablan estos. No entiendo nada.  Y Mauricio se encogía, se encogía en un rincón, para que no le vieran, para que no me sacaran a la pizarra.  En realidad tenía cuatro años. Debían haber mezclado varias clases.   Pero en su mente: la estrategia de esconderse para evitar el ridículo social.

Otro recuerdo es el de, el de pintando con dedos en. El mejor recuerdo. una monja que se reía a carcajada limpia con dientes de caballo.  Sor Inés. El canguro. Entonces esa bipolaridad.  Y otra clase donde un canguro con un rollo de papel para el día del padre. Ellos pintaron de un. Yo hice un Pollock, colors. Muy bien, muy bien, muy bien, muy bien… y al llegar a mi canguro, dijo … ¡Muy mal. Y yo me quedé pasmado y no contesté. Las de la maldad humana.

Otro recuerdo, le entró un apretón a cagar entre dos coches. Tres niñas. Mauricio no contestó. La maldad humana. Coger el truño caliente con las manos desnudas, reventarlo en sus caras, hubiera sido terapéutico, liberador.

En el pueblo de Padre, la tía. Mauricio se metía en la salita. Allí el tío tenía una biblioteca llena de comics: El  príncipe Valiente; Flash Gordon, tintín, Asterix, Lucky Lucke. Entonces no había androides ni tablets, pero ya existían los nerdos. Se sentaba a leer tebeos, mientras Sandra jugaba con los primos del pueblo, y su madre comentaba con su tía: Pobrecito, mirale, no se relaciona. Va a tener muchos problemas de mayor. Y le miraba como se mira una ameba en un crisol, con cierto distanciamiento sádico, Mauricio. Como si deseara secretamente que Mauricio problemático, para ser desvalido e inútil que cuidar.

A Sandra la dejaban en la casa de. Al  Bébe y a Mauricio los llevaban a dormir casa de la tía soltera. Compartían cama de colchón. Entonces infantilizában, Sandra sus habilidades sociales con la dicharachera familia. Silencio, soledad, aislamiento.

Luego  entró al primaria, le adelantaron un año. no sabía por qué.  Dibujaba. Decían que dibujaba. En  En 6º de EGB Mauricio tenía diez años, y sus compañeros once. Prepúberes. Repetidoras de 12 años que se pintaban los labios con vaselina de fresa y salían a la calle a coquetear con los de 7º. Mauricio lo observaba  en silencio desde su crónica perplejidad. Afuera, había cigarrillos, apoyados en los coches. La calle, los mayores. Él  golpeaba las paredes del casón decimonónico en busca de tesoros.

Porque con delirantes fantasías. Aventuras. Héroe de los tebeos. Salgari. Las series de Mac Giver. Sin embargo expansivo. Luego en el campo, los dines de semana. En la calle. Como un animal. De hecho, por un, andar a cuatro patas. Todo menos ser humano. La baser de su bipolaridad.

Mauricio dedicó una disgresión a su amigo Robinson. El lo azotaron de pequeño. Bolear machete en los campos de sorgo. A castrar gorrinos con 7 años.   Su padre lo repudió. En Colombia. Sentía. el colmo de la pusilanimidad. Entonces es algo inevitable, algo que se nace. Es que no tengo remedio. Lidiar con la dificultar. Social.

A ver, comparar. Le dijo Juan.

ahora, pensó Mauricio, en este trance ondas Alfa, voy a revivir todos mis momentos de inacción timorata, y les voy a cambiar el guión. Voy a visualizar otro final para estas anécdotas denigrantes. Anclar la sensación de triunfo, de exaltación eufórica, de expansión vitalista, de victorioso control.

Qué hubieras hecho. Piensa ahora en tu trance, qué.

¿Qué hubieras querido atreverte con las niñas que mientras cagabas entre los coches?

  Coger el truño caliente con las manos desnudas, y reventarlo en sus caras.

Ahora voy a encontrar fuerza en modelos vivos. En animales.

—Vamos a jugar a los animales.

¿A qué animal timorato me parezco? Los más rastreros. Los peces que se refugian en, se mueven. No, no soy eso. No soy de. A un Farumfer humano.

Mauricio analizó los trazas. No todos los herbívoros son presas fáciles. El elefante, el rinoceronte, negro o blanco, el jabalí, facocero. El gorila.

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